Testimonio de ovodonación: “una celúla que cumplió mi sueño”

Hoy compartimos con vosotros la historia de una paciente que se enfrentó a un largo camino lleno de obstáculos para alcanzar su sueño pero que, según ella misma nos cuenta, no estaba dispuesta a rendirse, siempre supo que se convertiría en mamá.
Sabemos que a muchas de nuestras pacientes les surgen dudas y miedos cuando se les recomienda este tipo de tratamiento y les será de gran ayuda leer un testimonio de ovodonación. Desde aquí, le agradecemos especialmente que haya sacado un ratito para sentarse a escribir y recordar cada episodio.

Después de 7 años de lucha, por fin tengo mi recompensa: mis dos princesas, Laia e Iris, que son mi locura maravillosa. Y todo gracias al gran equipo de INEBIR y a mi doctor Navarro.

Todo mi camino empezó en una revisión rutinaria ginecológica en la Seguridad Social en 2010, donde apreciaron un quiste de 3 cm al que no dieron mayor importancia. Fue entonces cuando pregunté por qué no me quedaba embarazada y me derivaron a la unidad de Reproducción del Hospital Reina Sofía de Córdoba.
Cuando llegó el día de mi primera cita no sabía lo que me tenía el destino preparado para poder ser madre.
Empecé con todas las pruebas del protocolo y nos citaron para decirnos que nos pasaban directamente a la lista de espera de FIV. Tuvimos que esperar a que llegara el día de la llamada, tardó dos años. Otra vez pruebas y empezamos con una menopausia inducida de 6 meses para dejar los ovarios en reposo y comenzar el tratamiento para FIV, el cual cancelaron por no tener respuesta. Después me pusieron otro tratamiento en el que llegamos a tener dos embriones clase c, la beta fue negativa. Durante esos tres años sufrí fuertes dolores a lo que no le dieron importancia alguna. tras el resultado negativo cerraron mi carpeta de la Seguridad Social sin más explicaciones.
Me quede sin saber qué hacer. Mi marido me miraba sabiendo que no me iba a quedar de brazos cruzados, siempre supe y siempre he dicho que iba a ser madre, no sabía cómo ni cuándo, pero sería madre. Entonces empecé a leer foros sobre infertilidad y di con una muchacha que fue mi luz en este camino oscuro puesto que, cuando le conté lo que me pasaba, me dio el nombre del Doctor Navarro, clinica Bionac (actualmente Inebir). Empecé a leer y todo lo que encontraba eran maravillas sobre la clínica y el “Doctor Milagro”, como lo llaman en los foros. Me pensé llamar a la clínica porque sabía que eran 300 Km los que teníamos que hacer para ir pero, finalmente, pedí cita con el Doctor Navarro.

Llegamos a Bionac (Inebir) con miedo, ilusión, alegría y todos los sentimientos a flor de piel. Mi primera cita con el Doctor Navarro duró más de dos horas. Me explicó cuál era mi problema: tenía endometriosis. ¿Qué era eso? ¿Cómo no me lo habían diagnosticado en mi hospital? ¿En qué me afectaba? Me explicó cada duda detalladamente, para que nos enterásemos de todo. En la segunda visita, ya después de hacer varias pruebas, me dijo que lo primero que teníamos que hacer (antes de buscar bebé) era poner freno a la endometriosis que me estaba comiendo por dentro. Cuando la tuviésemos controlada, empezaríamos una FIV y me explicó que mi reserva ovarica era escasa, y podríamos necesitar ovodonación. Otra palabra nueva en mi diccionario.

Después de muchos tratamientos y menopausias inducidas conseguimos controlar la endometriosis. En todo ese tiempo, siempre estuve en contacto con el Doctor Navarro al que le costó parar mis dolores por lo fuerte que eran. Por fin, después de un año, podíamos empezar la FIV. Otra vez ilusionados, locos de contentos. Fueron 9 días de pinchazos y en unas de las ecos y analíticas, con la llamada de la tarde, me cancelaron el ciclo por no tener respuesta. Se te cae el mundo encima.
En la cita siguiente con el Dr. Navarro nos explicó que había que cambiar el tratamiento porque mis ovarios no reaccionaban y la endometriosis se estaba despertando porque cada inyección para estimular los ovarios era alimento para la endometriosis y esta empeoraba. Yo no estaba dispuesta a tirar la toalla, aguantaría lo que fuese. Empezamos otro tratamiento y a los 4 días lo anularon por lo mismo, sin respuesta.

Foto: Robert Valencia

Cada día mis dolores empeoraban, pero no podía dejar que esto pudiera conmigo. Empezamos otro tratamiento y lo cancelaron al segundo día. Tuvimos una cita con el Dr. Navarro y nos explicó que por más que intentaba estimular mis ovarios no había donde sacar, que solo había un ovulo o, como mucho, dos. Nos habló de la posibilidad de realizar ciclos de relaciones programadas por si teníamos suerte. De nuevo medicación y el inconveniente de lo dolorosas que son las relaciones cuando está la endometriosis tan activa por tanta medicación, pero había que intentarlo. Hicimos dos ciclos y en unas de las visitas le dije al Dr. Navarro que no podía seguir con tantos dolores y, por tanto, no realizaba ningún ciclo más de coitos programados. Le pedimos que nos pasara directamente a ovodonación ya que nosotros no teníamos ningún problema. Tras esa cita me pusieron otra vez tratamiento para aliviar mis dolores y frenar la endometriosis y nos incluyeron en la lista de ovodonación.

Empezamos el protocolo para ovo y nos explicaron en qué consistía y que si necesitábamos hablar con la psicóloga puesto que ella estaba para ayudarnos. Le comenté a la enfermera que si era una cita a la que había que asistir por protocolo lo haríamos, pero que no tenía nada que pensar. Al igual que yo soy donante de sangre, necesitaba que me donaran una célula. Una vez dentro de mí, esa célula se transformaría en parte de mi cuerpo.

Esperamos que buscarán donante compatible y empecé a medicarme para recibir a mi/s futuro/s embrión/es. Cuando la donante llevaba 9 días poniéndose la medicación, me llamaron para decirme que le iban a cancelar el ciclo porque no iba lo bien que esperaban. ¿Pero cómo van a cancelar una donante que se supone que es de lo mejor? Esa es la primera pregunta que te viene a la cabeza pero luego pensé que si era lo mejor para mía, habría que tener paciencia y esperar de nuevo.

A mi segunda donante le extrajeron 32 óvulos de los cuales fecundaron 26 y, tras el proceso selectivo tan estricto de esta clínica, llegaron 3 al final.

Finalmente llegó mi gran día, le tenía pánico a la transferencia ya que la prueba fue muy dura porque la endometriosis lo tenía todo inundado. Pero recuerdo las palabras del Dr. Navarro: “tú tranquila, llevo toda la mañana estudiando la prueba para que sea todo rápido”. Esas palabras me tranquilizaron, sabía que estaba en las mejores manos y pude disfrutar al ver cómo depositaban esas dos semillitas en mi interior.
El Doctor Navarro me miró y sabía lo que estaba pensando en ese momento, entonces se vino a mi lado y me tocó la cabeza y me dijo que me olvidara de la endometriosis, que tenía a dos supercampeones dentro y que mi cuerpo estaba en el momento que tenía que estar para que se quedarán conmigo. Tenía las mismas posibilidades que cualquier mujer. Dios, esas palabras me acompañaron en la betaespera y sabía que era mi momento, que ya no habría más obstáculos, ya me tocaba.
Sin embargo, 9 días después de la transferencia empecé a sangrar y mi mundo se derrumbó. Fuimos hasta Sevilla y yo fui todo el camino llorando. En la eco no me podían decir si seguían o no porque era muy pronto y en el análisis de sangre tampoco se vería el resultado.

El día de la beta fue el día que más nervios pasé, por fin me llamaron para darme la enhorabuena, 426. Pero mi locura se volvió llanto otra vez. Tras 10 días, tuve una hemorragia. Me tuve que ir al hospital con una toalla puesta de cómo sangraba y mi mundo se desmoronaba conforme íbamos llegando al hospital.
Me confirmaron que era una amenaza de aborto y que había 3 saquitos gestando pero que era pronto para escuchar los corazones, debía realizar reposo absoluto.
Llamé a la clínica, les conté lo sucedido, y les pregunté cómo había tres si me habían trasnferido dos. Me dijeron que uno se podía haber dividido. Pasé una semana en la cama con miedo de ir al cuarto de baño de lo que sangraba. Hasta que pude viajar a Sevilla y me confirmaron que eran dos y que lo otro que se veía era un hematoma de sangre que poco a poco con reposo se iría reabsorbiendo.
He tenido un embarazo muy bueno y a las 33 semanas rompí aguas y mis niñas se saltaron la cesaría que tenía programada para venir al mundo apuntando maneras, fue un parto estupendo y rápido. Después de un mes en la incubadora (los días más duros de mi vida) me pude llevar a mis princesas a casa y pude empezar a disfrutar del regalo que tenía esperando al final de este camino repleto de obstáculos.

Quiero agradecer a este gran equipo de profesionales que yo conocí como Bionac y que ahora siguen cumpliendo sueños como Inebir. Me han demostrado que ante todo son humanos y por eso, para ellos, cada caso es especial y lo tratan como único. Agradecer al Doctor Navarro la dedicación, el trato, la constancia y haber estado ahí conmigo hasta el final; a todas las enfermeras, en especial a mi Magda. Y. cómo no, a las donantes por ese gesto de generosidad hacia personas como yo que, sin conocernos, nos dan ese un regalo tan grande como ayudarnos a ser madres.
Y también me gustaría que todas las mujeres que tengan que optar por un tratamiento de ovodonación, vean que te donan una célula que conviertes en tuya una vez que está dentro de ti. Si viéseis el parecido de mi Iris conmigo… ¡Es extraordinario! Hasta el punto de enseñarle una foto mía de bebé a mi marido y preguntarme que cuándo le he comprado ese vestido a la niña… No queráis saber más de lo que hay que saber, solo llegad al final del camino y coged vuestra recompensa.

Hoy soy una madre feliz, orgullosa del camino que he tenido que recorrer hasta llegar a tener a mis princesas conmigo. He visto que si quieres y confías, puedes conseguirlo.

2 thoughts on “Testimonio de ovodonación: “una celúla que cumplió mi sueño”

  1. Almabril

    Gracias por tu comentario. Estoy en ese duro camino, llevo varios intentos de fiv cancelados por baja respuesta, también con endometriosis, y sufriendo como jamás hubiera imaginado. Ojalá pronto pueda ser madre.

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