«Para ser madre hay que compartir amor, no ADN»

ADN, epigenética y ovodonación

Hace unos días leímos una frase en el perfil de Instagram de @lavidamadre.es que nos hizo pensar en nuestros pacientes: «Para ser madre hay que compartir amor, no ADN». La creencia errónea de que el ADN presenta grandes diferencias entre un ser humano y otro, supone una gran preocupación para ellos cuando se les propone un tratamiento con donación de gametos.

ADN

El avance científico ha demostrado que somos casi idénticos cuando comparamos nuestro ADN. Sin embargo, muchas personas creen que el ADN entre los humanos solo se parece en un 5 o 10%. Esta creencia errónea se debe a que, antes de conocer los resultados del Proyecto Genoma Humano, pensábamos que el ADN entre distintos seres humanos tenía muy poca semejanza. Pensábamos que el ADN tenía grandes zonas que eran totalmente distintas de un humano a otro, esas zonas eran las que cada uno denominaba “mi ADN”. Pensábamos que cada uno de nosotros teníamos un “enorme” patrimonio genético y nos hacía ilusión transmitirlo a nuestros hijos.

"Para ser madre necesitas compartir amor, no el ADN" ADN, epigenética y ovodonación

El Proyecto Genoma Humano nos permitió conocer la secuencia completa de nuestros 46 cromosomas. Cuando hubo secuenciados varios genomas, pudimos comparar las secuencias de ADN de distintas personas, y para sorpresa de todos, se encontró que somos 99,9% idénticos a nivel de ADN. Este hallazgo sorprendió a muchas personas que, de forma intuitiva, pensábamos que nuestras diferencias a nivel de ADN eran muy superiores a un “insignificante” 0,1%.

Mayor sorpresa llegó cuando se observó que la similitud entre el genoma humano y el del chimpancé (Pan troglodytes) alcanza el 98,77% y que, la similitud con el ADN del ratón es del 88%, sin que por ello tengamos parecido físico importante con estos u otros animales.

La siguiente pregunta sería si con sólo un 0,1% de diferencia en ADN, se podría explicar toda la diferencia fenotípica que observamos entre distintos seres humanos, la respuesta es que no. Además de ese 0,1% de diferencia en secuencia de ADN, también es importante considerar que la epigenética contribuye de manera importante en nuestras expresiones vitales, tanto en el aspecto físico como en el metabólico.

Epigenética

La epigenética se define como cambios heredables, que no implican la secuencia de ADN pero, al alterar la estructura y condensación de la cromatina, afectan directamente a la expresión génica y el fenotipo.

La epigenética es la responsable de que nuestros descendientes no sean capaces de utilizar un gen “perfecto” que tienen en su secuencia de ADN, debido a una epimutación que han heredado de su madre durante el embarazo. Y es que no hay diferencia entre tener una mutación o una epimutación en un gen, a nivel de fenotipo.

Ovodonación

Por tanto, una pareja que recibe un gameto donado, un óvulo por ejemplo, recibe una célula capaz de ser fecundada y que tiene un ADN 99,9% idéntico al de cualquier mujer. Un óvulo con unos 25.000 genes, prácticamente idénticos en todas las mujeres. La importancia está en seleccionar cuáles de esos genes se van a expresar, decisiones claves que se comienzan a tomar durante el embarazo y son exclusivas de la madre gestante.

Por supuesto, después del parto, la epigenética sigue su curso y nuestros hijos acaban siendo una mezcla de la epigenética, la educación, las experiencias y el amor que les hemos entregado a lo largo de nuestra vida juntos. Ellos crecen como personas y nosotros como padres, enamorados de nuestros hijos, que cada uno es especial y único, a pesar de tener un ADN 99,9% idéntico al del resto de las personas.

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